El pasado 7 de septiembre, Mercè AlaballGiménez, presidenta de la Asociación de Profesionales de la Mediación de Conflictos de Cataluña (ACDMA), impartió una de las sesiones del Curso de Formación Avanzada en Conciliación, organizado por el Consejo de la Abogacía Catalana (CICAC), centrada en una cuestión especialmente importante en la práctica profesional: cómo identificar y formular las mejores propuestas de conciliación.
La sesión tuvo una muy buena asistencia y el retorno que hemos recibido de las personas participantes, entre ellas varios socios y socias de la ACDMA, ha estado muy positivo.
La Sofía Torras Puigdomènech, directora del Centro ADR ICAB, y la Anna Valera Espiña, técnica del Consejo de la Abogacía Catalana, fueron presentes en la presentación de la sesión.
¿Cuándo es el momento de hacer una propuesta?
La sesión partió de una cuestión muy concreta, pero a la vez muy importante en conciliación: ¿cómo podemos formular una buena propuesta?
Una de las primeras ideas que Mercè Alaball puso sobre la mesa fue la necesidad de no precipitarse. No basta con pensar que tenemos una posible solución. Hay que saber si es una buena propuesta para aquellas personas y para aquel conflicto, pero también si ha llegado el momento adecuado para plantearla.
La persona conciliadora tiene que saber gestionar los tiempos del proceso, observar qué está pasando y valorar cuando su intervención puede ser realmente útil. Una propuesta que puede ser adecuada en un momento determinado puede resultar prematura si se formula demasiado pronto.
También hay que tener presente que no todo es mediable ni todo es conciliable. Antes de intervenir tenemos que conocer bastante bien la situación, las personas que participan y las circunstancias del conflicto.
Durante la sesión fueron apareciendo preguntas que pueden resultar muy útiles para cualquier profesional antes de decidir si ha llegado el momento de formular una propuesta:
¿He observado bastante?
¿He entendido cuál es realmente el problema?
¿Conozco los intereses y las necesidades de las partes?
¿Es este el momento adecuado para formular una propuesta?
Cada persona llega con su historia
Otro de los aspectos que Mercè Alaball destacó es que las personas no llegan a una conciliación únicamente con unos hechos. Cada una llega también con la historia que ha construido alrededor de estos hechos.
Hay aquello que ha pasado, pero también la interpretación que cada persona hace. Las experiencias, las expectativas, los intereses, las necesidades y las emociones condicionan la manera como cada cual explica y vive el conflicto.
Esto obliga la persona conciliadora a plantearse una pregunta importante:
¿Sobre qué estamos trabajando realmente, sobre los hechos o sobre la interpretación que las personas hacen de estos hechos?
Antes de pensar en una propuesta, por lo tanto, hay que conocer la historia.
Las reuniones iniciales, la escucha y, especialmente, las preguntas abiertas nos tienen que ayudar a ir más allá de las posiciones iniciales. Saber qué pide una persona es importante, pero entender por qué lo pregunta y qué necesita realmente nos da mucha más información a la hora de trabajar una posible propuesta.
Una checklist antes de formular una propuesta
Una de las partes más prácticas de la sesión fue el trabajo sobre los criterios que nos pueden ayudar a valorar una propuesta de conciliacióabans de trasladar-laa las partes:
1. Legalidad. La propuesta tiene que ser conforme a derecho. No podemos plantear soluciones contrarias a la legalidad.
2. Viabilidad. Aquello que proponemos se tiene que poder llevar a la práctica. Las partes tienen que tener capacidad real para ejecutarlo y cumplirlo.
3. Aceptabilidad. Hay que preguntarnos si la propuesta, teniendo en cuenta todo lo que conocemos del conflicto y de las personas, puede ser aceptada por las partes.
4. Equilibrio. Tenemos que valorar si la propuesta mantiene un equilibrio razonable y no favorece injustificadamente una de las posiciones.
5. Sostenibilidad. Una solución puede funcionar en un primer momento, pero también nos tenemos que preguntar si se podrá mantener en el tiempo.
6. Adecuación a los intereses de las partes. La propuesta tiene que tener en cuenta los intereses y las necesidades que hemos ido identificando durante el proceso, no solo las posiciones iniciales de cada cual.
7. Oportunidad. ¿Es este el momento de formularla? Una buena propuesta planteada demasiado pronto puede perder buena parte de su utilidad. Saber controlar el tempo es también una competencia importante de la persona profesional que ejerce la conciliación.
8. Claridad. Las partes tienen que entender perfectamente qué se les está proponiendo, que implica y qué consecuencias puede tener aceptarlo.
9. Capacidad de desbloqueo. Una propuesta puede ser especialmente útil si permite superar un punto muerto, abrir una posibilidad que las partes no habían contemplado o hacer avanzar una negociación que se ha bloqueado.
10. Respecto a la autonomía de las partes. Este es un criterio esencial. La propuesta tiene que dejar siempre espacio porque sean las partes las que decidan, sin generar una sensación de imposición.
Y, finalmente, como evaluación final: ¿esta es realmente la mejor propuesta que puedo formular en este momento?
Tomar decisiones antes de hablar
Una de las ideas que mejor resume el trabajo desarrollado durante la sesión es precisamente esta: en conciliación hay que aprender a tomar decisiones antes de hablar.
La persona conciliadora tiene que decidir si formula o no una propuesta, si es el momento adecuado, si es preferible plantear una o más de una y, sobre todo, cómo las presentará.
También tiene que saber decidir cuándo es mejor esperar.
Cuando llega el momento de formular una propuesta, hay que ser especialmente cuidadosos en la manera de presentarla. No solo importa el contenido. Las palabras escogidas, el tono, la manera de introducir la propuesta y la comunicación verbal y no verbal pueden condicionar la manera como será recibido.
Por eso es importante estar alerta ante los diferentes estilos de comunicación y adaptar la manera de presentar una propuesta a las personas, al conflicto y en el momento concreto del proceso.
Proponer sin comprometer la imparcialidad
Aquí aparece uno de los aspectos más delicados de la conciliación: hacer una propuesta implica intervenir activamente, pero esta intervención no puede convertir la persona conciliadora en defensor de una de las posiciones ni transmitir la idea que existe una única solución correcta.
La propuesta puede servir para abrir una posibilidad que las partes no habían contemplado, ayudar a superar un bloqueo o introducir una nueva perspectiva. Pero tiene que hacerlo siempre preservando la capacidad de decisión de las personas implicadas.
La persona conciliadora puede formular la propuesta. La decisión corresponde siempre a las partes.
Tres horas de trabajo muy participativo
Durante las tres horas de sesión, las persones participantes trabajaron conjuntamente sobre diferentes plafones, respondieron preguntas, compartieron sus aportaciones y posteriormente contrastaron las diferentes reflexiones que habían ido surgiendo.
El formato especialmente dinámico de la sesión permitió comprobar, a la práctica, que ante una misma situación no siempre llegamos a las mismas conclusiones. Escuchar otros puntos de vista, contrastarlos con el propio y explicar por qué tomaríamos una determinada decisión forma parte también del aprendizaje de la conciliación.
Desde ACDMA valoramos especialmente este tipo de formaciones, en que la teoría va acompañada de trabajo práctico, participación e intercambio de experiencias entre profesionales.
Y nos quedamos con una pregunta que cualquier persona que ejerza la conciliación se puede hacer antes de formular una propuesta:
¿He escuchado bastante, he entendido qué necesitan las partes y es este el mejor momento para intervenir?
Porque, muchas veces, una buena propuesta empieza mucho antes de formularla.
