El pasado martes 9 de diciembre celebramos la Asamblea General Ordinaria de ACDMA en el Centro Cívico Patio Limón. Un encuentro anual imprescindible para compartir balance, memoria de actividades, situación económica y líneas estratégicas de la asociación. Un espacio de participación y transparencia que refuerza el vínculo entre las socias y los socios y el proyecto colectivo que representa ACDMA. En el marco de la asamblea, también se compartió el premio Justicia 2025 concedido a ACDMA, un reconocimiento a la trayectoria de la asociación y al trabajo colectivo sostenido en favor de la mediación y la cultura del diálogo.


Una vez finalizada la asamblea, hicimos una pausa para compartir un espacio relacional de gran valor. Nos permitió hablar, saludarnos, reencontrarnos e intercambiar impresiones sobre cuestiones de actualidad en el ámbito de la mediación. Entre otros, se conversó sobre cómo está avanzando la implantación de la nueva Ley Orgánica 1/2025, las reticencias que muestran algunos operadores jurídicos. Además comentamos el debate abierto alrededor de una futura ley catalana de gestión adecuada de conflictos, proceso iniciado por la Generalitat de Cataluña para impulsar una futura ley catalana de gestión adecuada de conflictos, que tiene que permitir actualizar y ampliar el marco vigente, hasta ahora centrado principalmente en la Ley 15/2009 de mediación en el ámbito del derecho privado. Es un debate que genera expectativas dentro del sector, pero también interrogantes sobre su alcance real, la coordinación con la normativa estatal y el papel que tienen que tener las personas profesionales de la mediación.
Después de esta pausa, tuvo lugar la IV edición del Ágora de ACDMA, que este año adoptó un formato especialmente significativo: un círculo de diálogo alrededor del conflicto entre Israel y Palestina.
EL Ágora fue un espacio donde se entrelazaron sentimientos varios -esperanza, decepción, tristeza, impotencia- en un ambiente de confianza, de palabra y de comunicación profunda. Lejos de buscar conclusiones cerradas, el diálogo facilitó aportaciones reflexivas, escucha activa y miradas plurales sobre una realidad profundamente compleja.

Uno de los esos centrales de la conversación fue la pregunta, tan incómoda como necesaria, sobre si este conflicto es o no mediable. Las opiniones fueron diversas. Desde una mirada estrictamente técnica, se puso sobre la tabla que, con los actores internacionales actuales, resulta muy difícil pensar en una mediación en sentido lleno, con todos los requisitos que esta exige. La carencia de voluntariedad real de las partes, la profunda asimetría de poder, la inexistencia de un marco compartido mínimo y el papel de liderazgos políticos escogidos democráticamente pero fuertemente condicionados por posicionamientos rígidos y polarizados hacen que no se den, hoy, las condiciones para llevar a cabo una mediación con garantías.
Esto no impidió, pero, reflexionar sobre el valor del diálogo, sobre el papel que pueden tener los espacios no formales, la sociedad civil y la cultura de paz, ni sobre la responsabilidad ética de las personas profesionales de la mediación. Vivimos este encuentro como un recordatorio que la mediación no es solo una práctica profesional, sino también una comunidad que se piensa a sí misma, que se cuestiona y que construye criterio colectivo. La mediación no siempre puede ofrecer soluciones, pero sí espacios de escucha, humanización del conflicto y pensamiento crítico. Y esto, en determinados contextos, es muy valioso.
Gracias a la junta, a las personas que facilitaron el Ágora y a todas las socias y socios que participaron. Continuamos generando espacios donde el conflicto se pueda pensar, sentir y hablar.



